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Antigüedades en China: el nuevo boom del mercado del arte

En medio de la recesión mundial, China sorprende al mercado del arte con récords jamás alcanzados para obras de arte chino en subasta. Además, la nueva franquicia de ArtBasel en Hong Kong ratifica su liderazgo. El pulso del mercado se toma ahora en Pekín, Hong Kong, Shanghái y Hangzhou.

Hong Kong ha pegado el pistoletazo de salida. Sus éxitos en el mercado del arte han llevado a la gran ciudad asiática a convertirse en una de las principales plazas del mundo. Sotheby’s y Christie’s han aumentado allí el volumen de ventas en un 300% entre 2009 y 2010. Y, contagiadas por el boom hongkonés, algunas salas de subastas de China continental, como Poly y The Guardian, han incrementado sus ventas (de 397 millones de dólares en 2009 a 2.200 millones de dólares en 2010). El dato sorprende. El mercado del arte contemporáneo asiático camina con paso firme y seguro hacia los niveles máximos alcanzados antes de la crisis que estalló en 2008.

Según un reciente estudio realizado por Artprice, China se ha convertido, en cuanto a ventas globales, en el mercado dominante en el mundo del arte con una cuota del 33%. Por su parte TEFAF en su informe anual Crisis and Recovery sostiene que en términos de ventas de subastas públicas, Estados Unidos se mantiene en el primer puesto con el 34%, China en el segundo con el 23% y Reino Unido desciende por primera vez al tercer puesto con el 22%.

Confianza del inversor

El mercado asiático se está reorganizando en torno a China. Tanto, que las grandes galerías estadounidenses han remodelado su estrategia en los últimos tiempos abriendo sedes en las principales ciudades de la república popular; Pace Gallery en Beijing y Gagosian en Hong Kong. El interés por el gigante del Pacífico es tal que en la última edición de Art HK (Hong Kong International Art Fair), algunas de las más importantes galerías del mundo han buscado su propio hueco para promocionar a sus artistas entre un público ávido de novedades.

Los analistas financieros de ArtTactic señalan a China como el mercado de arte contemporáneo que suscita más confianza entre los inversores. Los artistas chinos contemporáneos han aumentado el índice de confianza un 12% desde septiembre de 2010 y los expertos predicen que el mercado continuará creciendo en 2011. Durante los dos últimos años se han disparado los precios de artistas modernos -entre los que se encuentran Qi Baishi, Xu Beihong, Daqian Zhang, y Baoshi Fu- cuyas obras se enmarcan dentro del más puro estilo tradicional chino y vinculado al gusto del régimen.

En mayo se vendió la que se sitúa como el récord A Long Life,Peaceful World(1946) de Qi Baishi por 65 millones de dólares; un regalo que el artista entregó en 1946 a Chiang Kai-Shek, entonces líder de China. Con esta cifra el artista chino ha conseguido colocarse en el segundo puesto del ranking mundial, tras el famoso récord de Picasso con 95 millones (Retrato de Marie-Thérèse Walter). Y en cuanto al arte más actual, la marca es compartida entre Zhang Xiaogang, con 10 millones de dólares (abril, Sotheby’s Hong Kong), por su trabajo de 1988 Forever Lasting Love, y Zeng Fanzhi por su Serie Máscara 1996, Número 6, que alcanzó 9,7 millones dólares en Christie’s Hong Kong en 2008. Algunos de estos resultados han causado cierta expectación y preocupación entre los analistas del mercado. En Occidente, el artista no pasa al mercado secundario de las subastas de arte hasta que se consolida dentro del sistema expositivo de la galería, que es el filtro que garantiza la calidad y la posterior cotización de la obra en subasta. China en algunos casos se está saltando esta regla de oro.


Zhang Xiogang: Forever Lasting Love, 1988 y jarrón de porcelana del periodo Qianlong, 1736-1795

Los tesoros robados

Pero no todo es arte contemporáneo en China. También las subastas de antigüedades han registrado magníficos resultados. Estos, eso sí, han venido acompañados de una turbia polémica. El pasado mes de noviembre, una pequeña sala londinense, Brainbridges Auctioneers, adjudicó un jarrón de porcelana china del período Qianlong (1736-1795) por 86 millones de dólares, cincuenta veces su precio de salida. La polémica estaba servida. Las especulaciones de que el jarrón había estado entre los tesoros saqueados por las tropas francesas y británicas cuando entraron en los palacios imperiales de Pekín durante la Segunda Guerra del Opio (1856-1860), -en particular en el antiguo Palacio de Verano- recorrieron los foros de internet y llegaron hasta la prensa oficial china. Algunos expertos calculan que más de diez millones de piezas imperiales pudieron salir ilegalmente del país asiático antes de la revolución comunista de 1949. Para intentar cerrar la cicatriz nacional que dejó lo que ellos consideran “cien años de humillación” a manos de las fuerzas extranjeras, algunos líderes chinos han promovido el retorno de los tesoros nacionales perdidos usando capital privado. Piezas, que en buena medida, irán a parar a las vitrinas de los grandes museos que ya se están construyendo.

Patriotismo de la porcelana

Pero el que muchas de estas piezas expoliadas se estén recuperando a golpe de talonario ha generando importantes críticas en buena parte de la opinión pública. En su edición digital, El diario del Pueblo hablaba del millonario remate como “un segundo pillaje”. La noticia tampoco sentó bien en el ámbito académico. “Si ofrecemos grandes sumas de dinero para recuperarlas, estamos legalizando esas actividades ilegales”, declaraba Li Jianmin, especialista en arqueología de la Academia China de Ciencias Sociales, al portal People.com. La historia cambiaba por completo en Europa. Los medios británicos llegaron a ironizar con la noticia y a hablar incluso del “patriotismo de la porcelana”.

Algunos analistas ven el récord del jarrón Brainbridges como el producto de una tormenta perfecta entre dinero nuevo, orgullo nacional y prestigio histórico, tres factores que parecen tomar fuerza y que son el precedente de muchos otros. Al mismo tiempo, estos buenos resultados han animado a los propietarios -americanos y europeos en gran medida- de estos tesoros imperiales a sacar sus piezas a subasta.

A este récord se suman otros registrados a lo largo de 2010 y 2011 que ponen de manifiesto cambios en el posicionamiento de los mercados internacionales. Al jarrón Brainbridges le sigue la venta de una de las colecciones de porcelana y cerámica china más importantes del mundo, la J.T. Tai & Co. En el mes de octubre se vendieron las trece piezas más sobresalientes de la colección por 87,8 millones de dólares. Una de ellas, un jarrón Qianlong alcanzó los 47,5 millones de dólares, mientras que en marzo durante el resto de la licitación, otra pieza del mismo periodo pasó de una estimación inicial de 800 dólares a 19 millones. Entre los objetos que salieron del antiguo Palacio de Verano se encuentra también, un sello en jade blanco perteneciente al emperador Qianlong que fue récord con 17,4 millones de dólares (en Marambat, Toulouse) y una obra sobre papel que mostraba al emperador pasando revista a las tropas que se adjudicó en 31 millones (Labarbe, Toulouse). El hecho de que muchos de estos récords pertenezcan al periodo Qianlong (1736-1795) no es casualidad. El emperador que marcó el cénit de la última dinastía y que es considerado todo un símbolo en la sociedad actual china, era un gran amante de las artes y un coleccionista nato.

Pero el incremento de estos voraces compradores chinos no ha estado exento de contratiempos. Tras realizar sus estratosféricas ofertas sobre las piezas a subasta, los compradores han sido muy lentos a la hora de realizar los pagos, un hábito que ha llevado a las casas de subastas de todo el mundo a demandar depósitos. Si bien estas garantías de pago podrían proteger a los vendedores de los compradores remolones, también podrían provocar un descenso de las pujas, y en consecuencia, el enfriamiento en los precios. El mercado del arte quedaría expuesto a una situación de riesgo que muchos no están dispuestos a asumir ahora que Bloomberg ha valorado el mercado de las antigüedades chinas en el entorno de los 10 billones de dólares.

Orgullo nacional

Se calcula que para el año 2020 los consumidores de clase media en China sobrepasarán los 600 millones, esto es casi lo mismo que toda la población de Europa y EE.UU. Algunos de ellos ya han alcanzado el nivel necesario para invertir en arte. Por el devenir de su historia, China no ha podido hacer lo que americanos y británicos hicieron a finales y principios del XX, construir su orgullo nacional. En China, los museos son de titularidad privada y están impulsados y patrocinados por coleccionistas, muchos de ellos responsables de estos importantes récords. Ahora el gigante asiático se afana en levantar en Beijing y Shanghái grandes museos que puedan convertirse en señas de identidad para el país y de esta forma, ponerse al día con el resto del mundo. Si bien es cierto que el siglo XIX fue de Gran Bretaña, el XX de Estados Unidos, el presente es de China.

Fuente: http://www.elcultural.es/

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